INFANCIA

Durante mi voluntariado con traumatólogos en el hospital público de Serrekunda recibimos un niño de unos ocho años que jugando se ha caído y se ha roto el húmero cerca de la articulación del codo. Con escayola unas semanas podría recuperarse significativamente aunque en el futuro sus movimientos quedarían limitados. Viene con su madre. Se les aconseja que el niño necesita ser operado  y que no tienen que preocuparse porque va a ser gratuito.

La madre nos lo agradece y está de acuerdo con ello pero debe de consultar a su marido. Es su segunda mujer y es el único hijo que ella “le ha podido dar” mientras que la primera mujer le ha dado cuatro o cinco hijos. Todo esto me lo cuenta ella llorando, se siente desafortunada. También vienen acompañados de una asistente social llamada Aysha con la que intercambio teléfonos. Cuando logren “convencer “al marido contactarán con nosotros.

Gambia un país de 2 millones de personas cuenta con un solo traumatólogo y con escasos recursos materiales para llevar a cabo intervenciones quirúrgicas.  Así pues me dispongo a viajar a Banjul para contactar con este traumatólogo y que nos cese algunos materiales de los que no disponemos en ese momento.

Voy con Ebrima en el coche, un amigo taxista. Nos para la policía en diferentes ocasiones a lo largo del trayecto, siempre haciendo bromas sobre mí. Si tengo algo para darles aunque sea 5 dalasis para comprar té. Y los más descarados me preguntan si tengo marido o si sigo “sola” y en caso segundo me ofrecen casamiento en ese mismo día.

De vuelta en el hospital con el material, Aysha me dicen que el marido no está en casa ni contesta el teléfono. Le han enviado uno sms haciéndole saber, así que vamos a operar con el consentimiento firmado de la madre. Cuando todo está listo y el niño a punto de ser sedado llega el padre al hospital y nos detiene. Su hijo no necesita ninguna operación se le llevará al “local doctor” le hará masajes y listo. Este niño no puede pasar por una operación y estar inhabilitado en casa por semanas. 

La madre llora desconsolada pero no se le ocurre discutir con su marido. No podemos obligarle así que el niño se va a casa con su padre con escayola y analgésicos, es lo máximo que nos deja.

Después de este niño, nos traen a otro que al que un coche le ha aplastado el pie. Tiene una herida abierta en el empeine y se le ve hasta el hueso. El niño de unos diez años conducía una carreta tirada por burros con su padre. Son basureros y van casa por casa recogiendo la basura con el burro. No solo el padre, el niño también trabaja ocho y diez horas en este oficio. Y tienen que compartir la estrecha carretera con coches, camiones, bicicletas, motos y diversos animales que se cruzan en el camino.

Cuando acabo la jornada quiero irme a mi casa y darme una ducha, me da igual no tener agua caliente estoy  agotada, más mental que físicamente. Aunque ese día  no encuentro ni agua ni luz en casa. Después de todos los acontecimientos de ese día no puedo más que sentirme afortunada. Ya me ducharé después.

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